Sueñacuentos

Sueñacuentos A Pol le encantaba meterse en la cama de sus padres.

Por eso, muchas noches corría hasta su habitación, se encaramaba de un salto a la cama y se colaba entre los dos.

—Es que no tengo sueño —les decía apenado. Y los tres, como sardinas en lata, pasaban la noche entre codazos, empujones y patadas.

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