Erizo

ERIZO Había una vez un erizo que se llamaba Chiquitín.

Lo llamaban así porque era pequeñito como una miga de pan. Chiquitín era un auténtico cascabel y siempre llegaba a su madriguera contento y feliz. Lo que más le gustaba, cuando llegaba a casa, era abalanzarse sobre papá y mamá y darles un abrazo gigantesco.

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